El abastecimiento de energía eléctrica al mercado disperso mediante sistemas fotovoltaicos se inició en establecimientos públicos (escuelas y puestos sanitarios) con el objetivo de disminuir costos de operación y mantenimiento de grupos electrógenos, superar problemas logísticos asociados a la operación y mantenimiento y mejorar la calidad del servicio. Posteriormente se comenzó a utilizar esta alternativa para abastecer de energía a viviendas rurales.
El uso de energías alternativas para el abastecimiento de la población rural dispersa se presenta, en muchos casos, como la opción más favorable desde el punto de vista técnico y económico, cuando se evalúan la distancia a la red, el número de usuarios, su dispersión geográfica y sus características socioeconómicas.
Mayores distancias y bajas demandas de energía determinan inversiones cada vez más elevadas para el tendido de líneas eléctricas por lo que la prestación del servicio al total de la población no abastecida resulta prácticamente imposible, aún en lo que puede considerarse largo plazo en una planificación.
En una acción coherente con la política de procurar que la totalidad de la comunidad pueda acceder al servicio de energía eléctrica en condiciones de equidad, en paralelo con el desarrollo de obras de electrificación rural mediante redes, el EPEN comenzó a proveer de energía eléctrica a poblaciones aisladas mediante sistemas fotovoltaicos independientes.
Las experiencias han permitido comprobar el grado de satisfacción de los nuevos usuarios, teniendo en cuenta que si bien la energía puesta a disposición con los sistemas fotovoltaicos es menor a la de las redes eléctricas, es suficiente para sus necesidades básicas, iluminación y comunicación social, reemplazando el uso de velas y faroles, por un sistema que le provee niveles de iluminación altamente superior, en todos los ambientes de su vivienda y durante las veinticuatro horas del día. Asimismo pueden abandonar el uso de pilas para las radios, insumo que les representa un gasto elevado. Sin duda se logra que la población que no tiene posibilidades de acceso a las redes eléctricas, equipare su calidad de vida con la de aquellos que residiendo en zonas rurales de ubicación más favorable, han tenido acceso a la energía por red.
La disponibilidad de buena iluminación durante las veinticuatro horas del día les permite desarrollar más actividades o aumentar el tiempo dedicado a éstas.
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